Prosperidad Integral: El deseo de Dios para tu vida

Cita bíblica:
“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
3 Juan 1:2 (RVR1960)

Cuando leemos la Palabra de Dios, es fundamental identificar a quién va dirigido el texto, porque esto nos permite comprender su correcta aplicación en nuestra vida.

En la Biblia encontramos pasajes dirigidos específicamente al pueblo judío, con una aplicación literal para ellos. Para nosotros, esos mismos textos suelen tener un principio espiritual, más que una aplicación literal. Sin embargo, también existen textos que están dirigidos exclusivamente a la Iglesia, es decir, a los hijos de Dios, a quienes hemos aceptado a Jesús como Señor y Salvador.

Ese es precisamente el caso de 3 Juan 1:2. Este versículo fue escrito para creyentes, para nosotros. Y su propósito es dejarnos algo absolutamente claro: el deseo del corazón del Padre es que seamos prosperados.

Lee nuevamente el versículo, pero esta vez con una oración en tu corazón: que los ojos de tu entendimiento sean abiertos, que recibas sabiduría e inteligencia espiritual, y que las riquezas de esta Palabra se graben y ardan en tu espíritu.

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”

De este pasaje podemos identificar tres verdades fundamentales:

  1. Dios desea que prosperemos en todas las cosas.
  2. Dios desea que tengamos salud.
  3. Todo esto está directamente relacionado con la prosperidad de nuestra alma.

Esto nos revela que la prosperidad que viene de Dios es integral. No se limita a lo económico, sino que abarca todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Pues según 1 Tesalonicenses 5:23, somos un ser tripartito: somos espíritu, tenemos un alma y vivimos en un cuerpo.

La Biblia nos enseña que Dios es el Padre de los espíritus; por lo tanto, al haber nacido de Él, nuestra esencia es espiritual. Poseemos un alma —intelecto y emociones— y habitamos en un cuerpo.

La prosperidad comienza en el espíritu

Si entendemos que Dios nos prospera de manera integral, debemos comenzar por reconocer una verdad poderosa: ya hemos sido prosperados en nuestro espíritu, gracias a lo que Jesús hizo por nosotros.

Veamos algunas razones claras de esta prosperidad espiritual:

1. Pasamos de muerte a vida

Romanos 5:17 nos enseña que, aunque por el pecado reinó la muerte, ahora, por medio de Jesucristo, reinamos en vida al recibir la abundancia de la gracia y el don de la justicia.

Antes estábamos muertos espiritualmente y separados de Dios. Pero cuando Jesús pagó el precio por nuestro pecado y pusimos nuestra fe en Él, pasamos de muerte a vida. Esa es prosperidad espiritual.

2. Ya eres una nueva creación

2 Corintios 5:17 declara que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. No dice que serás nuevo, sino que ya lo eres.

No estás intentando cambiar; Dios ya te hizo nuevo en tu espíritu. Y esa nueva creación lleva sembrada en su interior la gloria del Padre, para vivir la vida abundante que ya le fue dada en Cristo.

3. Tenemos la misma posición que Cristo delante del Padre

Efesios 2:6 nos dice que Dios nos resucitó y nos sentó juntamente con Cristo en los lugares celestiales. Esto puede sonar impactante, pero no es arrogancia; es verdad bíblica.

No estamos separados de Cristo. Él es la cabeza y nosotros somos su cuerpo. Y el cuerpo se sienta donde se sienta la cabeza. Como lo afirma 1 Corintios 6:17: “El que se une al Señor, un espíritu es con Él.”

Estamos unidos a Cristo de la misma manera en que un esposo es uno con su esposa. Por eso somos prósperos. Porque estamos unidos a Aquel que jamás ha perdido una batalla. Dios no carece de nada. Él es dueño de la tierra y de todo lo que hay en ella, y al estar unidos a Él, todo lo suyo está disponible para nosotros.

Caminar en la prosperidad que Dios ya nos dio

Por esta razón es tan importante estudiar la Palabra de Dios: para conocer Su voluntad y aprender a caminar en la prosperidad que Él desea para nuestras vidas.

Efesios 1:3 declara que ya hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Nuestra responsabilidad ahora es conocer esa verdad, creerla, hablarla y vivirla, para que lo espiritual se manifieste en lo terrenal.

El punto de partida de nuestra prosperidad está en el espíritu, pero el deseo del Padre —como lo expresa 3 Juan 1:2— es que seamos prosperados en todo: en lo físico, en lo emocional, en lo económico y en cada área de nuestra vida.

Para ver esto manifestarse, necesitamos crecer en el conocimiento de la Palabra, descubrir quiénes somos en Cristo, qué hizo Él por nosotros y cómo vivir ahora que estamos unidos a Él.

Podemos concluir que la prosperidad es el deseo de Dios para nosotros. Ya hemos sido prosperados en nuestro espíritu, y allí Dios ha sembrado todo lo necesario para que esa prosperidad se extienda a cada área de nuestra vida.

No se trata de esforzarnos por alcanzar algo que no tenemos, sino de aprender a caminar en la plenitud de lo que ya nos fue dado en Cristo.

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