La oración del Padre Nuestro es muy conocida por la mayoría de las personas. De hecho, el Padre Nuestro es la oración modelo que Jesús utilizó para enseñarles a sus discípulos a orar.
Así que en el blog de hoy te enseñaré el verdadero significado del Padre Nuestro y cómo sacarle provecho en tu tiempo de oración, de tal manera que aprendas a orar de forma efectiva.
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ToggleEl Padre Nuestro no es un libreto
En primer lugar, hay algo que es muy importante aclarar: Jesús no les enseñó la oración del Padre Nuestro a sus discípulos para que ellos simplemente la repitieran siempre, sino que usó esta oración como una herramienta para que aprendieran a hablar con el Padre.
Y esto lo sabemos porque en Mateo 6:7, unos versículos antes del Padre Nuestro, Jesús les dice a los discípulos:
“Y al orar, no usen vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que serán oídos por su palabrería.”
De tal manera que Jesús nos enseña que orar no es repetir un montón de palabras, sino hablar con Dios de manera cercana.
Así que la oración es un diálogo con el Padre, por lo cual no podemos presentarnos delante de Él con un libreto aprendido.
Dios quiere que la conversación que tengamos con Él sea un diálogo sincero, salido desde lo profundo de nuestro corazón.
En este sentido, la próxima vez que te acuerdes del Padre Nuestro, no lo uses como un libreto a seguir, sino que entiéndelo como un ejemplo donde puedes poner en práctica los principios detrás de cada palabra dicha por Jesús en esta oración.
Los 6 principios detrás del Padre Nuestro
El Padre Nuestro no solo contiene palabras que debemos recordar, sino principios que pueden enseñarnos cómo acercarnos a Dios en oración. Veamos cuáles son.
1. La oración va dirigida a Dios Padre
La oración del Padre Nuestro inicia con Jesús diciendo:
“Padre nuestro que estás en los cielos”.
Con estas palabras poderosas, Cristo nos está enseñando a quién debemos acudir y clamar: a nuestro Padre Dios. Solo el Padre sabe lo que necesitamos y solo Él tiene el poder para respondernos.
Jesús aquí introduce el concepto de la paternidad de Dios. Esto era algo nuevo para los judíos, que veían a Dios como alguien lejano, digno de adoración, pero al fin y al cabo lo veían lejano.
Así que aquí Jesús nos enseña a mirar a Dios como ese buen Padre que tiene cuidado de sus pequeños.
Y es que, además, Jesús introduce el concepto de la paternidad de Dios porque es Él quien nos dio la autoridad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:11-12).
Por eso, cuando oramos, podemos acercarnos a Dios con la confianza de saber que estamos hablando con nuestro Padre.
2. La oración va de la mano con la adoración
Luego de reconocer a Dios como Padre, Jesús continúa con la siguiente frase:
“Santificado sea tu nombre”.
Santificar el nombre de Dios es adorarle, reconocer que Dios es santo y digno de alabanza.
Esto nos muestra que cuando oramos debemos reconocerlo como Dios, es decir, reconocer su supremacía. Él es Dios, nosotros no, y eso no lo podemos obviar.
Al orar debemos tener presente que estamos hablando con el dueño del universo, con el que merece toda la gloria y toda la honra por siempre y para siempre.
Además, si vemos la última frase del Padre Nuestro:
“Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén”.
Nos damos cuenta de que la adoración debe ser central en nuestra oración.
El hecho de que Jesús nos enseñe a adorar al iniciar y al finalizar la oración demuestra cuán importante es reconocer su grandeza, pues esto nos llena de confianza en que Él es poderoso para hacer mucho más de lo que nosotros le pedimos.
3. La oración debe estar alineada con la voluntad del Padre
“Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra”.
Esta es una de las frases más conocidas de la oración del Padre Nuestro, pero al parecer, a veces la pasamos por alto y no ponemos en práctica el principio detrás de ella.
Con esta frase, Jesús nos enseña que la oración no es para satisfacer nuestros caprichos. Nuestra oración no puede salirse de los lineamientos de la Palabra de Dios.
Por tal motivo, debemos conocer a nuestro Padre, y la forma de conocerlo es a través de su Palabra.
La Biblia nos enseña el carácter y el corazón de nuestro Dios; ahí está consignada su voluntad para nosotros. Y al leerla aprendemos cuál es el deseo de Dios para nuestras vidas y entonces podemos orar de acuerdo con ello.
En adición a esto, muchas veces pasamos por alto la frase “hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”. Y esta es una de las frases más poderosas de esta oración.
Jesús nos muestra que podemos vivir la voluntad de Dios aquí en la tierra.
Así que, básicamente, cuando pedimos que se haga la voluntad del Padre en la tierra, estamos permitiéndole al Padre hacer lo que Él desea en nuestras vidas.
Y su deseo para nosotros no es algo misterioso. Su voluntad para nosotros es buena, agradable y perfecta; sus planes son de bienestar y no de mal.
En este sentido, cuando tengas una petición, asegúrate de buscar en las Escrituras cuáles son los pensamientos de Dios acerca de ese asunto. Luego ora con la confianza de que, al pedir de acuerdo con su Palabra, Él nos oye y, si nos oye, estamos seguros de que tenemos las peticiones que le hayamos hecho (1 Juan 5:14-15).
4. Las necesidades materiales son importantes para Dios
La oración del Padre Nuestro incluye una frase maravillosa:
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”.
Esta parte de la oración es poderosa porque nos muestra que podemos acudir a Dios para que nuestras necesidades sean suplidas.
Nuestro Dios sabe exactamente lo que necesitamos, y Él es un buen Padre que sabe suplir las necesidades de sus hijos.
Así que en oración nosotros podemos ir ante nuestro Padre y reconocerlo como nuestro proveedor, pues Él se deleita cuando nosotros ponemos nuestra confianza en Él.
Esto también nos enseña que podemos llevar delante de Dios nuestras necesidades cotidianas. No hay que pensar que solamente podemos acudir a Él por asuntos “espirituales”. Nuestro Padre conoce cada una de nuestras necesidades.
5. Para orar eficazmente necesitamos perdonar
Ya en la última parte de la oración, Jesús dice:
“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
Aquí Jesús nos enseña dos principios.
En primer lugar, Jesucristo incluye el pedir perdón a Dios dentro de la oración. Lo cual nos enseña que, si hemos cometido alguna falta, debemos confesarla ante Dios y pedirle perdón.
Hacer esto restablece nuestra comunión con el Padre, y sabemos con seguridad que somos perdonados porque Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
Pues, si cometemos pecado, tenemos a Jesús como nuestro abogado ante el Padre, ya que Él pagó por nuestro pecado con su sacrificio en la cruz (1 Juan 2:1-2).
En segundo lugar, Jesús nos enseña a perdonar a quienes nos hayan agraviado.
Y hacer esto es clave en nuestra relación con Dios. Por ende, perdonar es indispensable para mantener un corazón libre de resentimiento mientras nos acercamos a Dios en oración.
Así que la próxima vez que estés en tu lugar de oración, revisa tu corazón y decide perdonar, así como Dios decidió perdonarte por medio de Cristo Jesús.
6. En la oración recibimos poder para vencer la tentación
“Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal”.
Esta frase nos enseña algo muy importante: no podemos ser autosuficientes al enfrentarnos a la tentación.
Debemos depender del poder y la gracia de Dios, que nos ayuda en nuestra debilidad.
Y este principio es muy importante porque muchas veces queremos vencer los deseos de la carne usando la carne, y como resultado terminamos cediendo a la tentación.
Porque por sí solos no podemos hacerlo; necesitamos del poder de Dios.
Romanos 8:13 dice que hagamos morir las acciones de la naturaleza pecaminosa mediante el poder del Espíritu.
Así que cuando los deseos de tu carne se levanten, ora a Dios y Él te ayudará a vencer la tentación.
Con esta oración, reconocemos que apartados de Jesús nada podemos hacer, reconociendo que nuestra carne es débil, pero que en Él somos fuertes.
Ahora puedes poner en práctica el verdadero significado del Padre Nuestro
Finalmente, ya sabes que el Padre Nuestro es mucho más que una oración para repetir de memoria.
Ahora conoces algunos de los principios que Jesús enseñó a través de esta oración: acercarnos a Dios como nuestro Padre, adorarle, buscar su voluntad, confiar en Él para nuestras necesidades, perdonar y depender de su poder para vencer la tentación.
Así que la próxima vez que vayas a orar, no pienses que necesitas seguir un libreto. Habla con tu Padre con sinceridad, pero recuerda poner en práctica los principios que Jesús nos enseñó.
Cuando aprendemos a acercarnos a Dios de esta manera, nuestra vida de oración puede crecer y podemos disfrutar cada día más de la abundante vida en Cristo.
Y si quieres aprender cómo tus palabras pueden influir en lo que piensas, crees y declaras, te invito a continuar aprendiendo en esta otra entrada de nuestro blog: El poder de las palabras: aprende a hablar según la Palabra de Dios.
